Sólo tú
en la prisa del oleaje
en la intensidad de su fuerza
y, sólo tú como reposo de mi alma.
Ahora me toca a mí rugir,
estrellarme contra las rocas,
revolver la arena
y descifrar la procedencia
de las blancas alas consteladas.
El polen en el ámbar de unos ojos,
la sonrisa de arcilla que se deshace en el beso
y un duende escondido por los versos.
Ver en la repetición inconsolable de las lágrimas
cómo hibernan los silencios y se multiplica la luz en los sollozos.
¡No ves lo que le niegas al Amor cuando el se fragua!
Te llevo en las palmas de mis manos
y allí te siento donde se desangran los sueños;
rara herida del hombre para besarla a solas.
¡Esas cruces siempre nos dejan huellas!
La vida es una gran extensión de sueños llenos de alegría que se colma de atardeceres que derrochan anhelos enfebrecidos mientras la finitud llega.
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Una vez mi abuela materna, que se llamaba Elisa como yo, me contestó a una pregunta que la hice, sobre si era factible ser feliz toda una vida. Mientras se fumaba un habano retorcido apoyada sobre una cerca de guadua. Sin mirarme escupió el ambil al suelo y mirando el horizonte, me dijo muy seria echando todo el humo contenido en su boca:
"Si pretendes ser un poco de todo y un tanto del mucho que quieres sin pensar en ser menos que nadie, serás más de lo que eres ahora sin despreciar a ninguno; pero no demasiado de lo que querías ser si fueses lo que anhelabas haber sido si te desprecias por no ser algo más. Así que no hagas caso a quien te aconseja porque puede ser traumático que ahora pienses en lo que te digo; no quiero que te sientas infeliz por no entenderme, pues los infelices frenan el poco sentido común por no pensar en el todo del tanto y del mucho que tienen a favor; y se les recalca como bueno; así que a ti no te faltarán recursos, eres como yo; recuerda que es con lo que venimos al mundo algunos seres que no queremos ser más que otros, pero no menos que todos juntos. Si no lo has entendido ahora ya lo entenderás mañana."
Y, claro, hoy ya es mañana.
...
*** Ante los imposibles: Hay instantes en la vida de una poetisa que son sublimes, pues arrullando un poema con su tema y su dilema se le puede quedar dormido en el regazo ante lo que no puede conseguir y discernir para terminarlo; mientras, decide darle un biberón de respuestas para que sus sueños consigan lo que deseaba.
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Si te quedas dormida en un bello campo de amapolas es porque inhalas su aroma con un gran contenido en alcaloides, podrías morir por sus efluvios; pero un campo de trigo da miles de ilusiones porque es el que nos regala "el pan debajo del brazo", pero con la mente despierta.
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En el hábito de ser de cada persona, se hace costumbre sentir la realidad individual. Porque para poder partir de la misma, hay que experimentar el yo particular, como la luz de donde venimos. Por eso podemos 'ver' y conocer el camino de vuelta. Los caminos no se construyen a nuestra capricho o se hacen a nuestra conveniencia. Los caminos son para todos y cada ser va y viene según la necesidad de su alma. No valen los consejos. Valen los ejemplos.
Aprendiendo a aceptarnos, conseguimos ver con claridad para mejorar y construir unidos 'un nosotros todos', porque lo que nos une da amplitud a la idea esencial de la Vida que es el Amor. El se encierra en círculos concéntricos donde todos guardamos un gran tesoro.
Es la llama de la Vida en el Amor Eterno los que aspiran a la iluminación. Sólo hay tristeza, desolación, temor y oscuridad, cuando no nos acompaña en el camino el sentimiento que nos une.
Nos esperan muchos beneficios cuando se ama porque nada es ajeno a la naturaleza creada. Es como un anillo donde cabemos y Dios se hace una realidad, cuando la Fe es la protección que lo consagra en cada corazón amado.
Para llegar donde deseas se dejan las puertas expeditas al pensamiento y cierras sólo las que te lanzan al fondo del abismo, las del pesimismo humano. La libertad de volar no depende sólo de las alas del espíritu libre sino de la luz verdadera que lo atrae, entonces es cuando ves qué nos separa de los hilos de una misma trama.
El tejido de Dios es compacto, firme, uniforme y selectivo porque caben todos los tonos del color de la vida; es bello y luminoso, fuerte, sublime en su tacto y cubertura, deseable y buscado; esplendoroso en su natural glamour y nos distingue a todos cuando amamos y nunca lo rechazamos aceptando su presencia en nosotros, porque liga, une y estrecha y por eso sabemos qué nos sostiene y nos ayuda a soportar el dolor cuando consigue en su trama tejerse con abrazos.
Por eso no debes fruncir el ceño ante el desánimo y desconfiar del futuro, el tejido, a veces, necesita lavarse y ponerse a secar y que se airee porque confía en la esperanza. El se renueva si te llenas de su gracia invisible y sabes que estás dentro y fuera de ti cubierta de su magnificencia, pero sin olvidar que para obtener cada instante especial, hay que dar un poco de nosotros a cambio y así consumimos la maravillosa energía de la Vida porque ella fue pacto como un trueque de beneficios. Hay que reflexionar si se supo aprovechar la oportunidad. Pero nunca por dar más debe creerse que se duplica. Porque para dar Amor hay que perder una parte del mismo y a veces todo a favor de otros, sin lamentarse. Es el pago.
La Fe lo restituye en otros bienes que pueden estar cercanos a ti. Sólo así consigues aquéllo que es dominio de tu corazón sin acosar a quien beneficia con su hermoso y deseado regalo. Entonces es la bendita paciencia la que entra en el juego y nos prueba, la que es útil a la ansiedad de los momentos dolorosos; ella curte, marca, libera y se aprende; pues para ser hijos de la Luz hay que evitar deslumbrarse ante lo que nos enceguece del mundo.
y dulzor de mi tormento.
Pero me doy linimento
pensando como me quiere
y mi satélite prefiere,
decir siempre, que su cielo,
es su lugar entre hielo
por temor a quien la adora,
viendo que llega la aurora
si la arropo en este suelo.